Cómo funciona
Una simulación de phishing es un ataque controlado que tu empresa se envía a sí misma para medir quién cae, ante qué tipo de engaño y con qué frecuencia. Tiene sentido porque más del 90 por ciento de los ciberataques exitosos comienzan con un correo de phishing (CISA): entrenar ese reflejo es entrenar la puerta por donde entra casi todo.
La diferencia de Fensivo está en no mandarle a todos el mismo correo. El sistema elige para cada persona la simulación con mayor probabilidad de que caiga, cruzando su comportamiento histórico, su rol y departamento, las plataformas que su empresa de verdad usa y las credenciales que se le hayan filtrado (la señal que aporta el monitoreo de dark web). Envía entre una y tres simulaciones al mes por empleado, en el momento oportuno. Para pymes, donde no hay un equipo dedicado a armar campañas, ese emparejamiento automático es lo que vuelve el programa operable.
Plantillas adaptativas, no aleatorias
Cerca de 400 plantillas curadas
Unas 200 en español y 200 en inglés, en nueve categorías según el instinto que explotan: autoridad ejecutiva, pretexto financiero, urgencia y más.
Personalización controlada
Por sustitución de campos sobre plantillas revisadas, no correos generados por IA: prioriza consistencia y realismo controlado, sin sorpresas.
El emparejamiento inteligente sube la efectividad frente al envío aleatorio, porque concentra cada prueba donde tiene mayor probabilidad de caída: más señal, menos fatiga. Si alguien resiste un tipo de pretexto, el sistema prueba con otro hasta encontrar su punto débil. El detalle de por qué el realismo importa está en simulacros de phishing personalizados que reducen riesgo.
Qué mide, y qué no basta medir
Cada simulación registra quién hace clic, quién entrega credenciales y quién reporta. Pero la tasa de clic por sí sola engaña: baja cuando las simulaciones se vuelven fáciles o predecibles. La señal temprana de una cultura que funciona es la tasa de reporte.
Qué mirar y en qué orden está en tasa de reporte, tasa de click y retest, y cada cuánto probar según el rol, en cada cuánto enviar simulaciones.
Qué pasa después: el retest
Aquí está el diferenciador: quien cae recibe en minutos un microaprendizaje específico al engaño, y tres semanas después el sistema envía una simulación del mismo tipo y dificultad pero con otra plantilla. Ese retest valida que la persona cambió su conducta, no que recordó un correo, y un fallo deja un piso de riesgo que solo se levanta tras varias superaciones consecutivas. La simulación sin este paso mide un acierto puntual; con retest mide resiliencia en el tiempo.
Es el mismo ciclo que hace que una plataforma de gestión del riesgo humano no sea un generador de correos trampa: la simulación alimenta la capacitación y el retest la valida. La guía de la categoría está en gestión del riesgo humano y la plataforma completa, en producto.
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Precio por empleado, en la calculadora. Comparativas honestas con otras plataformas en la sección de comparativas.